El Riesgo De La Libertad

Desde que nacemos necesitamos el aprecio y afecto de quienes nos rodean. Pero ni la familia ni la sociedad moderna pueden satisfacer esta necesidad fundamental del ser humano. El concepto moderno de “libertad” ha pervertido todo lo sano y moralmente correcto que pudo haberse logrado.

La cultura europea resistió de manera estoica hasta inicios del siglo XX, pero la debacle se debió prever casi mil años antes. Con el ingreso indiscriminado de judíos en Europa, a partir de la tardía edad media, la cultura blanca europea comenzó a enfermarse. Poco a poco, como un virus, la judeidad se apoderó de Europa.

El cáncer judío fue el cáncer del materialismo. La visión del mundo propia de pueblos racialmente inferiores se implantó en Europa porque los primeros inmigrantes que obtuvieron algo de poder no fueron rechazados inmediatamente y de manera conjunta. Si un judío era expulsado de un país, inmediatamente se refugiaba en otro.

El amor a los lujos innecesarios característico de los pueblos no blancos se hizo popular con la llegada del judío. La falta de ideales espirituales elevados fue presentada, con pérfida astucia e interesado engaño, como el nuevo ideal de felicidad. Lo correcto ya no era respetar y honrar a tu pueblo sino buscar la satisfacción egoísta.

La libertad comenzó a ser entendida como la ruptura de lazos con la tradición, la familia y la patria. Y tras la catástrofe provocada por la segunda guerra mundial, el mundo comenzó a ser dirigido por manos judías. Las generaciones criadas entonces por la ideología judía en plena expresión destruyeron sin querer la civilización.

A los padres se les prohibió educar a sus hijos, y los judíos enquistados en los gobiernos impartieron sus “nuevos” contenidos en las escuelas. El placer individual debía ser visto por los niños como aquello que los haría felices. El aprecio y el afecto sincero comenzaron a confundirse con la banal admiración del ídolo egoísta.

Todos quisieron ser admirados no por su honorabilidad sino por su hedonismo. Según la educación judía era mejor el que podía complacerse sin límites. Y así se dio forma a una gran revolución cultural de masas. El hipismo fue la primera muestra de decadencia, pero fue seguida por degeneraciones cada vez peores.

Junto al hipismo llego la búsqueda del placer sexual como primer objetivo. El amor y la comprensión quedaron de lado para los anticuados. La promiscuidad, el bestialismo, el homosexualismo y la pedofilia se convierten así en las máximas expresiones de libertad. Pero no solo el sexo desenfrenado se convirtió en una falsa muestra de libertad.

Las apariencias y el aspecto físico también son ahora más importantes que lo sustancial. El peinado más extravagante, el tatuaje más extenso o las más absurdas perforaciones corporales copiadas de sociedades primitivas y estúpidas, han sido adoptadas como gestos de rebeldía dignos de ser seguidos.

En esta insaciable búsqueda de placer y figuración las parejas comienzan a separarse. La mujer no quiere estar “subordinada” al hombre. La dignidad es solo una barrera que nos impide ser libres. Los padres se divorcian porque no aman. Y por hallar el efímero éxito material todos olvidan la importancia de los lazos humanos.

Los hijos sienten que sus padres egoístas ya no les proporcionan afecto. Buscan entonces el aprecio en otros. Muchos jóvenes, desilusionados por la sociedad en la que viven, la rechazan con virulencia. Aunque al mismo tiempo, sin darse cuenta del engaño, pretenden ser aceptados tratando de ser cada vez más individualistas.

Hoy como ayer buscamos rebelarnos contra nuestro pasado como lo hicieron nuestros padres, y terminamos cometiendo sus mismos errores con nuestros hijos. El simple paso del tiempo NO es sinónimo de progreso. Pero muchos piensan que vivimos en una era de libertades sin igual que debe ser defendida de los retrógrados tradicionalistas.

Los judíos nos contaron que nuestros antepasados fueron racistas, discriminadores, machistas y perversos opresores. Y les creímos. Nos contaron mentiras y modificaron la historia para incitar el rechazo de toda una generación contra sus ancestros. Y aunque aún hoy no han cambiado el discurso, los ilusos siguen cayendo.

La única libertad que no esta permitida por el judío es la de defender tu raza y tus valores. Porque el cambio de mentalidad NO ha sido pacífico. El judío enquistado en el poder ejerce una brutal represión contra sus enemigos. Miles de hombres, mujeres y niños han muerto por defender su identidad contra la agresión judía.

El espacio de donde debemos recibir afecto y verdadero aprecio es la familia. Nuestra raza y nuestra cultura son nuestra gran familia. Si nuestros padres fueron corrompidos por las ideologías judías, nosotros como hijos suyos y más aun como hijos de nuestra raza, debemos retomar con firmeza los viejos valores y el amor por lo nuestro.

Fuente: Herencia e Identidad

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