Origen de la Dinastía Judía de los Rockefeller

Muy pocas familias han ejercido y ejercen una influencia tan enorme en el mundo entero como la Rockefeller. Su inmenso poder procura pasar desapercibido en todas las actividades humanas: comercio, industria, multinacionales, política interior y exterior, religión, sectas. Pero sus efectos se notan en todas las naciones.

Uno de sus descendientes, David Rockefeller, desde los años sesenta negoció con jefes de estado de toda laya ideológica. En todas partes fue recibido con respeto reverencial y muy especialmente en los países de la órbita soviética. George Gilder comentó: “Cuando David va a Rusia es tratado a cuerpo de rey. Y resulta curioso que nadie sea capaz de reverenciar, halagar y exaltar a un Rockefeller tan bien como lo hacen los marxistas”. ¿Por qué será?

El primer millonario y fundador de la dinastía fue John Davison Rockefeller, quien nació en Richford, Nueva York, en 1839, en el seno de una familia de inmigrantes judíos llegados a Estados Unidos desde Alemania en 1733. Su padre era un impostor que visitaba las reservas indígenas vendiéndoles a sus moradores toda suerte de objetos, pero se especializo rápidamente en “curas milagrosas contra cualquier cáncer”. Recorría el país haciéndose pasar por el “famoso doctor Big Bill” o “Devil Bill” y desaparecía cambiando de nombre cuando su vergonzosa reputación lo obligaba a escapar de vecinos que le acusaban de ladrón de caballos, de robo, incendio y falsificación. El padre de John Rockefeller tuvo dos mujeres a la vez, fue bígamo por 34 años. Una vez se jactó diciendo: “Engañé a mis hijos cada vez que pude. Quise hacerles fuertes”.

De niño John vendía a sus compañeros de escuela piedras sin ninguna utilidad de colores y formas variadas, lo que le proporcionó sus primeros ingresos que guardaba en un tazón azul al que denominó su primera caja fuerte. En 1858 abandonó su primer empleo para asociarse con un negociante inglés llamado Maurice Clark, con quien fundó la compañía Clark and Rockefeller, para vender grano, carne y otros productos alimenticios. La ‘habilidad’ para los negocios del joven Rockefeller vino a sumarse a la guerra de secesión. Tal suceso multiplicó los pedidos y el volumen comercial de la firma, aunque ése no fue más que el primer capítulo de su dilatada carrera empresarial. Rockefeller también vendía licor sin sello a las tropas federales. Con el dinero ahorrado había pagado, igual que muchos norteños ricos, para evitar el combate.

En 1863, fundó con Clark su primera refinería de petróleo en Cleveland para producir nafta y queroseno. Reinvirtiendo constantemente los beneficios y manteniendo los gastos y los salarios de sus trabajadores tan bajos como fuese posible para producir a precios que pudiesesn eliminar competencia. En enero de 1870, Rockefeller crea la Standard Oil Company de Ohio. Desde su creación en 1870, la Standard pasó de una producción inicial equivalente al 4% del mercado petrolífero americano, al control en 1876 del 95% de dicho mercado. En el corto espacio de seis años la compañía de Rockefeller había laminado o absorbido prácticamente a todos sus competidores. Todo gracias a un largo rosario de artimañas, extorsiones, sobornos e irregularidades de toda índole. Nada, por otra parte, que no fuera la propia lógica del capitalismo llevada a sus naturales consecuencias.

Entre las prácticas habituales de la Standard Oil figuraban los sobornos a los empleados de otras compañías, las coacciones a los clientes de sus competidores, amenazándoles para que cancelasen sus pedidos, y la compra de parlamentarios, mediante la cual paralizó en numerosas ocasiones diversos proyectos legales tendentes a poner coto a sus desmanes. El propio John D. Rockefeller anotaría en su libro autobiográfico Random Reminiscences que: “Una de las entidades que más nos ha ayudado ha sido el Departamento de Estado”, aunque se le olvidara añadir que, para hacer más grata esa ayuda, muchos de los embajadores y cónsules norteamericanos figuraban en la nómina de la Standard, percibiendo a cambio de sus servicios las oportunas compensaciones económicas.

Las innumerables tropelías perpetradas por la Standard se fueron acumulando con los años en forma de otras tantas demandas legales interpuestas por sus víctimas, a las que se añadieron las de diversos Estados de la Unión. Huelga decir que sin ningún resultado satisfactorio para los querellantes. En 1907 un juez encontró a la compañía culpable de 1.642 casos de extorsión, condenándola por ello al pago de indemnizaciones por valor de 29.240.000 dólares. Cuando John Davison Rockefeller tuvo noticia del fallo, comentó sin inmutarse: “El juez Landis estará muerto mucho antes de que hayamos saldado esa deuda“. El magnate americano, que conocía muy bien el terreno que pisaba, no se equivocó. Aquella resolución condenatoria sería anulada años después. Con el transcurso del tiempo, el nivel de organización y eficacia de la empresa fundada por Rockefeller se iría ampliando de acuerdo con las exigencias del capitalismo en expansión.

Fuente: Herencia e Identidad

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